
Eso es más o menos lo que llevamos storyboardeado: Unas cuarenta secuencias. Y ese número significa que llevamos planificada más o menos la mitad del guión.
De momento estamos bastante contentos con el resultado, aunque mucho me temo que no habrá un solo plano fácil de rodar. En eso consiste la magia del cine: En complicarnos la vida de manera innecesaria para que las cosas sean necesariamente bonitas.
Mañana se marcha Raúl, así que hoy nos espera una jornada especialmente intensiva. Queremos aprovechar al máximo la estancia de Raúl aquí.
Nos estamos sometiendo a jornadas de entre diez y doce horas diarias, pero inmersos en un ambiente muy agradable, y con la posibilidad de recurrir a un baño o un paseo por la playa a media tarde, para pensar en esa secuencia o ese plano que se le atasca a uno en el cerebro.
Es lo bonito y, al mismo tiempo, lo horrible de esta profesión. Que uno nunca desconecta. Una parte de nuestra cabeza está permanentemente trabajando, en guardia las 24 horas.
Hay profesiones en las que uno termina de trabajar y se deja las preocupaciones y los problemas encerrados en el lugar de trabajo. Pero hay otras profesiones en las que esos cabos sueltos le persiguen a uno hasta el comedor, hasta la ducha, hasta la cama... siempre dispuestos a enredarse entre nuestras neuronas hasta confundirse con ellas.
Un día de estos intentaré satisfacer esas peticiones de colgar aquí algún trozo de storyboard, o algún diseño de la peli. Pero antes de ello necesito hablar con nuestros productores, para que nos digan qué material debe ser extremadamente confidencial y cuál de dominio público.
Mientras tanto, os diré que nos está saliendo un storyboard con bastante movimiento interno.
Cada vez soy más amante del montaje interno. No me gusta estar cambiando de plano a ritmo de ametralladora, a no ser que haya una justificación poderosa para ello (que a veces la hay).
Cada vez estoy más convencido de que un cambio de plano es un ingrediente con demasiada fuerza dentro de nuestro caldero de pociones cinematográficas. Si uno sitúa ese ingrediente donde no debe, corre el riesgo de sacar al público de la peli y romper el hechizo. Si uno abusa de él, está dilapidando fuerza que hubiese sido conveniente en los momentos claves de cada secuencia.
Sé que lo que digo no es más que un parafraseo de las teorías más clásicas. Pero es que cuando más ¿crezco? más clásico me vuelvo. Cuando observo el panorama cinematográfico, me doy cuenta de que la mayoría de mis directores favoritos son clásicos. Y los que aportan al cine las innovaciones más sólidas y duraderas, también suelen ser clásicos en su concepción del cine. Hitchcock es clásico, Spielberg es clásico, John Carpenter es clásico, James Cameron es clásico, Richard Donner es clásico, los hermanos Coen son clásicos. Hasta Shyamalan es clásico. Álex de la Iglesia es tan clásico que me atrevo a considerarle el sucesor más digno de Berlanga.
(Lo de que también me gustan Tony Scott y Terry Gilliam lo dejaré para otra entrada...)
Después de las limitaciones técnicas y económicas de Gritos, estaba deseando tener la oportunidad de mover la cámara y los personajes con respecto a ella, al más puro estilo De Palma, Zemekis o Welles.
Por ahí me han acusado de creerme Orson Welles por hacer una peli de cacahuetes. Los que me acusan de tal cosa, no se dan cuenta de que son ellos los que me exigen que sea Orson Welles. Yo sólo quería hacer una humilde peliculita de serie B.
Así que creo que en Zombie Western seremos bastante más pretenciosos. Si de todos modos nos van a acusar de serlo, al menos nos quedaremos más a gusto si nos encargamos de que haya motivos fundados para esas acusaciones.
De alguna manera, creo que las mejores películas salen cuando la gente bebe con humildad de los maestros del pasado y el presente. Pocos habrán inventado algo aprovechable pretendiendo inventarlo.
Las innovaciones surgen sin querer, y normalmente el que innova no se da ni cuenta de que ha innovado. O quizá nadie haya innovado nunca. O a lo mejor todos innovamos en cada segundo, pero nadie se da cuenta de ello. O sí... o yo qué sé...
Bueno, mis adorados nutties. Creo que será mejor que regrese a la labor de storyboardeo.
De momento estamos bastante contentos con el resultado, aunque mucho me temo que no habrá un solo plano fácil de rodar. En eso consiste la magia del cine: En complicarnos la vida de manera innecesaria para que las cosas sean necesariamente bonitas.
Mañana se marcha Raúl, así que hoy nos espera una jornada especialmente intensiva. Queremos aprovechar al máximo la estancia de Raúl aquí.
Nos estamos sometiendo a jornadas de entre diez y doce horas diarias, pero inmersos en un ambiente muy agradable, y con la posibilidad de recurrir a un baño o un paseo por la playa a media tarde, para pensar en esa secuencia o ese plano que se le atasca a uno en el cerebro.
Es lo bonito y, al mismo tiempo, lo horrible de esta profesión. Que uno nunca desconecta. Una parte de nuestra cabeza está permanentemente trabajando, en guardia las 24 horas.
Hay profesiones en las que uno termina de trabajar y se deja las preocupaciones y los problemas encerrados en el lugar de trabajo. Pero hay otras profesiones en las que esos cabos sueltos le persiguen a uno hasta el comedor, hasta la ducha, hasta la cama... siempre dispuestos a enredarse entre nuestras neuronas hasta confundirse con ellas.
Un día de estos intentaré satisfacer esas peticiones de colgar aquí algún trozo de storyboard, o algún diseño de la peli. Pero antes de ello necesito hablar con nuestros productores, para que nos digan qué material debe ser extremadamente confidencial y cuál de dominio público.
Mientras tanto, os diré que nos está saliendo un storyboard con bastante movimiento interno.
Cada vez soy más amante del montaje interno. No me gusta estar cambiando de plano a ritmo de ametralladora, a no ser que haya una justificación poderosa para ello (que a veces la hay).
Cada vez estoy más convencido de que un cambio de plano es un ingrediente con demasiada fuerza dentro de nuestro caldero de pociones cinematográficas. Si uno sitúa ese ingrediente donde no debe, corre el riesgo de sacar al público de la peli y romper el hechizo. Si uno abusa de él, está dilapidando fuerza que hubiese sido conveniente en los momentos claves de cada secuencia.
Sé que lo que digo no es más que un parafraseo de las teorías más clásicas. Pero es que cuando más ¿crezco? más clásico me vuelvo. Cuando observo el panorama cinematográfico, me doy cuenta de que la mayoría de mis directores favoritos son clásicos. Y los que aportan al cine las innovaciones más sólidas y duraderas, también suelen ser clásicos en su concepción del cine. Hitchcock es clásico, Spielberg es clásico, John Carpenter es clásico, James Cameron es clásico, Richard Donner es clásico, los hermanos Coen son clásicos. Hasta Shyamalan es clásico. Álex de la Iglesia es tan clásico que me atrevo a considerarle el sucesor más digno de Berlanga.
(Lo de que también me gustan Tony Scott y Terry Gilliam lo dejaré para otra entrada...)
Después de las limitaciones técnicas y económicas de Gritos, estaba deseando tener la oportunidad de mover la cámara y los personajes con respecto a ella, al más puro estilo De Palma, Zemekis o Welles.
Por ahí me han acusado de creerme Orson Welles por hacer una peli de cacahuetes. Los que me acusan de tal cosa, no se dan cuenta de que son ellos los que me exigen que sea Orson Welles. Yo sólo quería hacer una humilde peliculita de serie B.
Así que creo que en Zombie Western seremos bastante más pretenciosos. Si de todos modos nos van a acusar de serlo, al menos nos quedaremos más a gusto si nos encargamos de que haya motivos fundados para esas acusaciones.
De alguna manera, creo que las mejores películas salen cuando la gente bebe con humildad de los maestros del pasado y el presente. Pocos habrán inventado algo aprovechable pretendiendo inventarlo.
Las innovaciones surgen sin querer, y normalmente el que innova no se da ni cuenta de que ha innovado. O quizá nadie haya innovado nunca. O a lo mejor todos innovamos en cada segundo, pero nadie se da cuenta de ello. O sí... o yo qué sé...
Bueno, mis adorados nutties. Creo que será mejor que regrese a la labor de storyboardeo.
