Lo que habéis leído: Los edificios que conforman el Animation Workshop éste fueron en su día una base militar.
Alguien debió pensar, no sin cierta lógica, que no hay ningún sitio como una antigua base militar para trabajar en una peli de zombies.
Uno pasea por el recinto (vallado, por supuesto) y se siente dentro de las páginas de “Walking Dead”. Nuestros dormitorios no desentonarían en la base de “28 días después”: Austeros, sobrios, desangelaos... Pero son habitaciones agradables y amplias. Aunque la cama rechine a cada movimiento como si fuera el mástil de la Perla Negra. Aunque no haya cortinas, sino unas endebles persianas made in Ikea que invitan a desayunar al sol, sin mi permiso, a las seis de la mañana. Aunque las luces sean de enfermizos tubos fluorescentes.
Todo eso da un poco igual. Son cómodas, y pillamos internet inalámbrico desde la habitación. ¿Qué más se puede pedir?
En el escritorio del dormitorio hay una carta que da la bienvenida al recién llegado, diciéndole que aporte su granito de arena dejando un cuadrito o cualquier otro “toque personal” en la habitación, para entre todos disimular que “once upon a time” el recluta patoso pudo volarse los sesos en este cuarto. La carta está firmada por: “El hada de la casa”.
Sí. Escalofriante, ¿verdad? Creo que dejaré aquí un cuadrito con un dibujo del hada de la casa surgiendo de debajo de la cama y comiéndose los ojos de un invitado. O algo por el estilo.
Lo cierto es que, ya sea por la cuestión base militar o por razones más tétricas, las buenas ideas están brotando como hongos por doquier. Tenemos a gente bastante talentosa trabajando con nosotros: Suner y Jacob (a los que ya presenté hace un par de posts), Thore (ojo, no confundir con Tor), Biane... (Obviamente me estoy inventando la manera en que se escriben esos nombres...)
Y hoy hemos recibido a otro colaborador. ¿Recordáis aquél chico del curso de storyboard llamado Lars, del que dije que me encantaría tener colaborando en Zombie Western? Bueno: Pues se ve que Tor también tuvo la misma idea, y le ofreció venir. Así que aquí le tenemos con nosotros. Comparte piso con Raúl y conmigo. ¡Y se ha traído sus raquetas de badmington!
Trabajamos todos los días de 9:00 a 17:00. Después de esa hora, uno es libre de seguir trabajando, o de disfrutar del tiempo libre de otras mil maneras. Estos dos primeros días he invertido ese tiempo libre en comprar avituallamientos para resistir un mes aquí sin morir de aburrimiento alimenticio, en intentos infructuosos de encontrar la lavadora disponible, para reducir la montaña de ropa sucia que llevo acumulando desde Copenhague, en hablar español con Raúl, para que no se nos olvide la divina lengua de Cervantes...
Me ayuda mucho tener aquí a Raúl. Como hablábamos el otro día Gonzi y yo, mi situación es similar a la de Frodo. Me han encomendado una pesada carga, tan honorable como jodida, y encima me mandan a Mordor, a miles de kilómetros de distancia de mi adorada Comarca.
Raúl es mi Sam Gamyi. Le necesito para afrontar todo esto. Y el camino es más agradable con él para rememorar Bolsón Cerrado, y para atrincherarnos en la cocina común y hacer juntos comida de verdad, cocinadita, calentita... variada...
Afortunadamente, nuestros colegas daneses son muy buena gente, y las barreras culturales prometen ir difuminándose poco a poco.
Nuestra reunión con el consultor de guión en Copenhague fue fructífera. El tipo entendió muy bien el guión, y nos señaló muchas cosas interesantes, y mucho potencial que todavía podíamos explotar más. Así que probablemente me embarque de nuevo en un proceso e reescritura, en busca de la cuarta versión, aprovechando también los utilísimos consejos de César, mi consultor de guión particular. ¡Mil gracias por tus aportaciones, César! Puede que me saques de algún atolladero.
De un modo u otro, y si no nos ponemos tiquismiquis, creo que podemos estar contentos con el guión que tenemos entre manos. Funciona bastante bien. Ayer organizamos una lectura colectiva, y hubo muy buena reacción por parte de la gente que se acercaba a la historia por primera vez. Todos se reían donde se tenían que reír, y aplaudían donde tenían que aplaudir.
Obviamente, sacaron a colación algunas cosas que no quedaban claras en la trama, pero eso es bueno, porque nos ayuda a hacer el guión cada vez más y más sólido.
Estoy cansado. Muy candado. El sueño por las noches no me cunde. Los días me desgastan. Es té me salva la vida a duras penas, y Raúl me ha traído dos paquetes de té rojo para reponer mis provisiones. Se trata de té rojo bengalí. Es más pornográfico que el té chino al que estoy acostumbrado, pero cumple su función.
Me voy a la cama, a ver si el puto hada de la casa me deja dormir mejor esta noche.
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martes, 17 de julio de 2007
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