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viernes, 7 de septiembre de 2007

RÉQUIEM POR UNA MASTER SYSTEM

Aunque yo siempre fui más de Nintendo que de Sega, he de confesar que mi primera consola fue una Master System 2. Y aún he de confesar algo más grave: ¡Recuerdo esa consola con inmenso cariño!

Ahora llega la pregunta: Si la recuerdo con cariño, ¿por qué dejé que terminara como se ve en la foto?



La respuesta es tan retorcida como noble. Sacrifiqué a esa consola de videojuegos por el bien de Gritos en el Pasillo.

La pobre llevaba ya unos años sin funcionar, condenada al ostracismo y al polvo en un armario. Un día Indiana Jones me vino a visitar, la vio, y se limitó a decir: “Debería estar en un museo”.

Así que quise procurarle un enterramiento digno. O, para hablar con más propiedad, un digno descuartizamiento.

Me dije a mí mismo que a John Houston le habría gustado que desmembrasen su cadáver y usasen sus pedacitos como atrezzo en una película. Y eso es exactamente lo que hice con mi Master System: Convertirla en involuntaria donante de órganos.

Los más despiertos, si observan Gritos en el Pasillo con atención, podrán detectar sin excesiva dificultad los lugares a los que fueron a parar las piezas del cadáver de Sega.

Los que no lo averigüen por sus propios medios, encontrarán la respuesta de forma explícita en el making of del DVD, o en los audiocomentarios que Alby y yo hicimos para ese DVD.

Es lógico que me ponga retrospectivo. La estancia de Raúl aquí ha sido de evocación nostálgica para ambos. Han pasado cuatro años, y esos cuatro años nos han cambiado muchísimo. Pero algunas cosas siguen igual que cuando nos encerrábamos a construir los decorados de Gritos. Lo hacíamos en la misma habitación, con el mismo mar al otro lado de la ventana, escuchando los mismos CDs de música, hablando sobre las mismas pelis cuando trabajábamos, recibiendo las visitas de los mismos seres queridos...

Y en las estanterías de mi habitación, siguen engendrando telarañas las mismas reliquias del pasado, los desechos del universo cacahuetil que tanto tormento nos dio durante los cuatro años siguientes.

Y entre esas reliquias, las cáscaras de mi Master System 2, que en paz descanse. La pobrecilla se habría merecido un réquiem cantado por el mismísimo Pavaroti pero ayer mismo, “la muerte que es celosa y es mujer, se encaprichó con él, y lo obligó a vivir siempre con ella”.

A falta de Luchiano, entonaré con mis torpes dedos sobre el teclado, a modo de réquiem, la melodía del Alex Kid in Miracle World: Ta naaaa, na naaa. Ta naaa, na naaaa... ta na naa naaa naaaaaa...


Post-data: Para semi-contentar a Kike, a la izquierda de los despojos de mi master system, en el atril, se puede ver de refilón una página del stroryboard (en sucio) de Zombie Western.