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martes, 9 de octubre de 2007

ONCE UPON A TIME IN FUCKING SITGES

Esto era un tío tan cutre, tan cutre, que escribió una entrada sobre Sitges y no colgó ninguna foto.

Ese tío soy yo. En casa de herrero, cuchillo de palo, o cualquier otra forma de decir que no me gusta ir por ahí acarreando cámaras de fotos o de video. Como decía el personaje de Bill Pullman en Carretera Perdida cuando le preguntaban por qué no tenía videocámara: “Me gusta ver las cosas como las recuerdo, en lugar de cómo fueron”. (O algo así)

¿Qué tal el festival? Bien, gracias. Pero tratándose de Sitges, “bien, gracias” equivale a decepción. Esperaba encontrar mucho más ambiente. Pero no “ambiente” de ese que, según dicen, es consustancial a la localidad de Sitges, sino ambiente CINEMATOGRÁFICO.

Cuando uno va a un festival de esa solera, y en su cuadragésima edición, para más I.N.R.I, espera que las musas del séptimo arte le asalten a la cara al doblar cualquier esquina. En otras palabras: Uno se decepciona al darse cuenta de que tiene que ser él mismo el que rastree la ciudad, linterna en mano, para encontrar los vestigios de esas malditas musas que se empeñan en arruinarnos la vida a los que nos empeñamos (valga la redundancia) en vivir de esto.

Decepciones aparte, he de decir que Sitges es precioso, y tan agradable como los días que he pasado allí. Es decir, muy agradable, si tenemos en cuenta que pude disfrutar de uno de los más grandes placeres de mi “top ten” (tomarme un helado de pistacho que sabe a pistacho de verdad).

No voy a hablaros aquí de cómo fue la proyección de Gritos, por la sencilla razón de que no se ha proyectado todavía. La fecha de proyección es el próximo sábado 13 de marzo, a las 12:30 del mediodía. El trece es el número estandarte de Gritos. Empezamos a rodar un martes y trece, hacemos pases de prensa en días trece sin darnos cuenta, nos patrocina Calle 13, cuando nos pidieron cambiar a los dobladores por gente famosa nos mantuvimos e nuestros trece...

En esta ocasión el número trece trae una putada bajo el brazo (o bajo el rabito del “1”): Me pillará fuera de Sitges. Escribo estas líneas desde casa de mi novia, en Laspalmápolis (como diría el Artesano), y ello implica que difícilmente podré estar allí para la proyección.

Posiblemente algunos miembros del equipo hagan la peregrinación a Sitges desde Madrid para asistir. Es algo que recomiendo encarecidamente a los aventureros con una vena Tuk que vivan en la Península, ya que los platos fuertes del festival los están reservando para ese fin de semana: Los Cronocrímenes, de Vigalondo, la versión super-mega-extendida-aka-Deckard-es-replicante de Blade Runner, las dos pelis de Grindhouse tal y como se estrenaron en USA, trailers falsos incluidos...

Con respecto al dvd de Gritos, se supone que está vendiéndose en uno de los stands del festival, pero no sé si las suposiciones dan en el blanco. Esto de la promoción de pelis es una ciencia inexacta.

Pero respondamos a la pregunta más obvia: Si no estoy presente en la proyección de Gritos, ¿qué coño hacía yo en Sitges?

Manuel y yo estábamos invitados a una especie de convención llamada “Cine Regio”, que consiste en recluir en una sala llena de mesas a un monton de productores, distribuidores y directores de distintos países europeos, para que se presenten los unos a los otros sus respectivos proyectos, aumenten el grosor de su agenda de contactos, y demuestren que la unión hace la fuerza, y la fuerza se llama Europa, cosa que ya está insinuando la paliza que el euro está dándole al dólar.

Esa convención, moderada por el glorioso David Matamoros, tremendo showman, y amenizada por los sabios y sarcásticos comentarios del genial John Hopewell, director de Variety en España, estaba compuesta por un puñao de franceses (belgas incluídos), mucho escandinavo, mucho catalán (y algún que otro español), algún inglés...

Mi misión allí consistía en desplegar mi inglés sui-generis para decir lo genial que es nuestro proyecto Zombie Western, y sonreír mientras asiento con la cabeza cada vez que Manuel me presenta a un importante productor, o distribuidor o tí@ trajead@. Generalmente se trata de gente agradable e interesante, pero sacan a flote mi incapacidad de seguir conversaciones sobre fórmulas de subvención, coproducciónes, índices de ventas, etc. Maldita sea... yo sólo sé hablar sobre las pelis de Richard Donner y esa clase de cosas...

He de decir, molestia aparte, que tanto lo que dijimos/enseñamos sobre Gritos como lo que dijimos/enseñamos sobre Zombie Western gustó e interesó muchísimo.

Aún no sabemos qué frutos saldrán de esa experiencia, pero de momento acaban de comunicarme que una televisión estadounidense ha comprado Gritos en el Pasillo. Es nuestra primera venta a una tele de los USA, y confío en que no sea la última.

Como véis, la andanza internacional de Gritos comienza poco a poco. Hay otros países interesados, y hoy Manuel se está reuniendo con alguno de ellos (con habitantes concretos de ese país, no con el país entero). Iré informando por aquí de nuevos logros conforme se vayan concretando.

Sigamos hablando de Sitges. Se parece mucho a Cannes, pero en esta ocasión, el mar es más espectacular que los hoteles. La principal diferencia de Sitges con respecto a Cannes consiste en que en Cannes, cuando la gente se cruza por la calle, se miran los unos a los otros para comprobar si se están cruzando con un famoso. Y en Sitges, cuando dos personas se cruzan, cada uno se dedica a leer lo que pone en la camiseta friki del otro. Circunstancia que yo aproveché para lucir cada día una camiseta distinta de Gritos en el Pasillo (pongo “distinta” para que no se me tache de guarro) a excepción del día en que saqué a pasear aquella entrañable camiseta que me regalaron/diseñaron mis amigos majoreros, con un dibujo de Bruce Lee en su apogeo, sobre unas letras que rezan: “IRA CHINA”.

Hablemos de pelis: ¿Cuántas vi? Cuatro. Todas ellas de terror. Y anuncio con orgullo que de las cuatro, tres eran españolas. Y acto seguido anuncio con más orgullo todavía que la que más me impresionó, con diferencia, también era española.

Me refiero a REC, de Jaume Balagueró y Paco Plaza. Lo mejor que he visto en todo el festival. Impresionante. No suelo ser defensor de Balagueró. Nunca había conectado con él, a pesar de su habilidad para generar ambientes. Pero en REC, él y Paco Plaza hacen una peli con una intensidad insuperable y unos cojones de toro de Osborne.

Mientras veía la peli, con Raúl y Manuel a mi vera, tenía la sensación de que alguien me había metido en un videojuego de Silent Hill.

Las otras tres pelis que vi en Sitges:

1- El Orfanato, de J.A Bayona. Muy bien hecha, muy digna, muy de género, muy la clase de peli de cuyo éxito uno se alegra porque “ya va siendo hora de que hagan en España más cosas como ésa”. Música acojonante, guión bastante bueno, diseño de sonido brutal. Y una Belén Rueda bastante aplaudible (y qué guapa sigue siendo la jodía al natural). La peli llegó con un papel de regalo de lujo, consistente en cuatro cortometrajes restaurados del Gran Meliés, un video de presentación muy entrañable del gran Guillermo del Toro, el trailer de Los Crímenes de Oxford, última película del gran Álex de la Iglesia, y entrega de un premio honorífico al gran Álex Proyas.

2- Dead Silence: La última peli del director de James Wang, director de la mítica Saw. Es efectiva, pero cimentada en un guión inconsistente y unos personajes que no consiguen importarme lo más mínimo. No me disgustó, pero tampoco me gustó.

3- Aparecidos: La ópera prima de Paco Cabezas, tío que tiene pinta de ser una excelentísima persona. La peli es un compendio de cosas que me encantan y cosas que no me funcionan en absoluto. Hay que carecer de escrúpulos para criticarla duramente, porque tiene muy buenas ideas y muy buenas intenciones, pero uno sale de la sala con la impresión de que la historia podía haber dado más de sí. De un modo u otro, parece que la peli está gustando, así que me alegro por Paco Cabezas. La música es acojonante. Según Raúl, es la banda sonora que le quitará el Goya a Gritos en el Pasillo.

Pero la película que más ganas tenía de ver era Los Cronocrímenes.

Nacho Vigalondo estuvo intentando hacernos un pase privado para que pudiésemos verla antes de abandonar el festival. Pero entre incompatibilidades de agenda y la imposibilidad de encontrar un lugar decente a la par que merecedor de proyectar la vigalondada, tuvimos que dejarlo para otra ocasión.

Joder, que la peli de Vigalondo está ganando premios y consiguiendo distribución fuera de nuestras fronteras, y aquí, en nuestra propia tierra, pasa lo de siempre. Puta patria de los pobres Don Quijotes. Esperemos que tarde o temprano podamos disfrutar también de los Cronocrímenes en España.

¿Y qué decir de las fiestas de Sitges? Para un pringao como yo también consisten en asentir sonriente mientras me presentan gente. Pero en esos casos uno cuenta con un arma que lo hace más llevadero. Me refiero a la “barra libre”, con su artillería de vinos y cervezas. Los carerings también ayudan lo suyo. ¡Qué fideguá! ¡Qué arroz negro! ¡Qué trozos de cosas inidentibicables en cucharas incucharizables!

Con respecto a la compañía humana disfrutada en el festival, tan buena como siempre. Esta vez Manuel vino con su encantadora esposa Pilar, y con su prima sevillana y por lo tanto compatriota. Esta vez tuve así mismo la suerte de contar con Raúl como compañero de festival y habitación. No contenta con ese alarde de generosidad, la suerte tuvo también la feliz idea de que contásemos una vez más con la presencia de nuestro célebre compositor, Andrés de la Torre, esta vez acompañado de Berta, su novia piscis, ergo guay.

En representación de Black María Producciones, nos acompañaban Fran Calvelo y Henrique Lage, compañeros de bebidas varias.

Y hablando de compañeros de diversiones varias, no podemos olvidar al guionista Gonzalo y al director de Reflejos, Miguel Ángel Vivas. Raúl y yo les hemos cogido mucho cariño, tras decenas de discusiones cinematográficas (a veces acaloradas) y cervezas catalanas. Miguel Ángel, además, nos dio a conocer la mítica hamburguesa oriental, aderezada con piña frita y margarina de cacahuete.

También volvimos a coincidir con Jesús Hernández, del Programa Media, tipo entrañable y divertido donde los haiga o hubiere.

Así pues, en general, se puede decir que la experiencia en Sitges ha sido grata.

Terminaré con un par de anécdotas:

a) En una de las fiestas conocimos a Eugenio Mira, el director de “The Birthday”, una película con el inmenso Corey Feldman que dicen que está muy bien. Eugenio Mira nos informó de que en esa fiesta se encontraba entre nosotros, porbres mortales... ¡¡el tremendo Crispin Glover!! Así que registramos la fiesta de cabo a rabo, intentando encontrarle, pero sin olvidar el consejo que nos dio Eugenio Mira: “Ni se os ocurra hablarle de Regreso al Futuro”.

Yo quería decirle: “Ey, tú, quítale las manos de encima, cerdoooo”. Pero no tuve la oportunidad. El bueno de Crispin no se dejó atrapar.

b) Que George A Romero se cruzaba con nosotros día sí y día también. Desprende un buen rollo impresionante, con su cara de vejete sabio, su coleta, sus dos metros de altura y sus enormes gafas. Es algo así como una mezcla entre Sean Connery y John Carpenter.

Teníamos que habernos sacado una foto con él, y haberle obligado a decir: “No se pierdan Zombi Western”. Pero no lo hicimos. Raúl y yo llegamos a la conclusión de que hubiésemos necesitado tener allí al señor Davinci White para lograr esa clase de proezas.

Y para despedirme de nuevo (que me despido más veces que el teniente Colombo), anunciar que la tristeza de no haber podido tener pase privado de los Cronocrímenes se me compensar con el honor de haber asistido ayer a un pase privado del pre-montaje de "Desde entonces": El primer largometraje de Mario Parra, otra de las grandes esperanzas del cine español.

En la próxima entrada pretendo hablar detenidamente sobre ello y colgar el trailer.